Sonarán obras maestras para violín y piano

Los músicos Konstantin Zioumbilov y Evgeny Korolkov llegan al Conjunto Santander de Artes Escénicas este sábado para presentar piezas de Beethoven, Brahms y Rachmaninoff

El violinista Konstantin Zioumbilov y el pianista Evgeny Korolkov tocarán en el Conjunto Santander de Artes Escénicas para presentar el recital “Obras maestras para violín y piano”. El dueto interpretará piezas de Beethoven, Brahms y Rachmaninoff.

Zioumbilov, también director de la Orquesta Higinio Ruvalcaba, platicó sobre el repertorio que han interpretado como dueto: “Tenemos un par de programas con Grieg, Beethoven, Brahms, Rachmaninoff. Esta vez vamos a tocar la Sonata de Beethoven número 1, tres piezas de Rachmaninoff, su famosísimo ‘Vocalise’, su ‘Romanza’ y su famosa ‘Danza húngara’. Es famosa en Europa, pero creo que en México nadie la ha tocado. Terminamos con la Sonata número 2 de Brahms, y su famoso ‘Scherzo’, parte de una sonata: ahora circula como una pieza de concierto aparte”.

El músico comentó sobre su colega: “Evgeny Korolkov vive en Ensenada, donde tiene una academia de música que lleva su nombre. Se formó en Siberia, la misma ciudad donde estudiaron en el conservatorio Maxim Vengerov (quien también se presentará en el Conjunto Santander). Es una escuela muy buena, allí hizo también su maestría”.

Zioumbilov y Korolkov han tocado juntos desde 2008: “Tocamos un primer concierto en Ensenada, me invitó a colaborar en un concierto para recaudar fondos”. Después volvieron a tocar en la misma ciudad, para luego venir al Festival de Mayo, donde estuvieron en el ciclo Música en las Iglesias “en el pueblo de Santa Anita y en el templo de San Agustín. Desde entonces no nos presentamos aquí”.

Además de tener una trayectoria como director y como solista invitado en orquestas, este tipo de conciertos le permiten explorar otra faceta y otro repertorio: “Para mí es una experiencia muy buena, la música de cámara para violín y piano es bastante amplia. Hay de todas las épocas, desde barroco al contemporáneo. Hay que ser versátil: en mi vida me tocó presentarme casi con el estilo de mariachi, en lo popular, con canciones de Sinaloa donde acompañaba con el violín y una soprano cantando. Fue una experiencia interesante. Grabé tres discos con música tradicional de Jalisco, desde los tiempos de Porfirio Díaz hasta los autores que todavía viven. Con respecto a la música clásica me gusta dirigir la Orquesta Higinio Ruvalcaba, antes tocaba bastante con varias orquestas. Toqué los conciertos de Brahms en San Luis Potosí, varias veces con la Sinfónica Juvenil de Zapopan”, entre otros.

La experiencia musical

A propósito del amplio repertorio que existe para la música de cámara y que no se toca en México, el músico comentó: “Es cuestión de tiempo. Despierta interés con las obras inéditas. También es cosa de gustos, a veces a la gente la allá no le gusta tanto lo que a la gente de acá. Pero creo que algunas cosas no están descubiertas para la gente porque no tienen promoción”.

Luego de esta presentación, el maestro continuará su labor con la batuta de la Orquesta Higinio Ruvalcaba: “El día 15 nos vamos a Autlán de Navarro, donde habrá un congreso con el tema de música y violencia, con los jóvenes y cómo la música y la enseñanza les influye. Es un tema muy interesante. Será el concierto de clausura. Dentro del congreso hay muchos ponentes que hablarán sobre este tema importantísimo, lo organiza en conjunto con el campus de la UdeG”.

Sobre la importancia de la educación musical, Konstantin agregó: “Me comentaban que en México hace muchos años, especialmente de las escuelas del gobierno, en los años sesenta, quitaron las clases generales de arte. Es algo muy grave. Creo que hay que volver a esta experiencia, en cualquier escuela normal. No digo escuelas especializadas. En cualquier escuela deberían enseñar artes, es otra formación. Sin esto no tenemos futuro. Da muchas herramientas para formar una persona mentalmente sana, interesada en muchas cosas”.

Fuente: informador.mx 8/11/19

Principio y final de la leyenda de Prince

Las memorias que el músico dejó sin terminar ven la luz en EE UU. Un periodista escogido por el artista completó una historia centrada en su juventud y en sus últimos años

Los fans no se sorprenderán: el “libro de Prince” tuvo una génesis tortuosa y se revela como un texto inclasificable. Resulta asombrosa su misma existencia. Un artista que era el paradigma del misterio anunció en 2014 que planeaba escribir sus memorias. Como es costumbre en los libros de famosos, se subastó y Random House se quedó con los derechos. Pero el camino hasta The Beautiful Ones (que publicará el 14 de noviembre Reservoir Books, sello de Penguin Random House España) ha resultado largo y tortuoso.

Editorial y artista coincidieron en que se necesitaba un negro literario para ayudar a su elaboración. De la lista de posibles candidatos, Prince eligió al más improbable: Dan Prieperbring, un fan sin obra publicada. Como principal mérito, Piepenbring trabaja en The Paris Review, publicación literaria de tronío; no consta que Prince (Minneapolis, 1958 — Chanhassen, 2016) llegara a hojearla.

Piepenbring estaba habituado a tratar con pesos pesados del mundo de la cultura, pero entrar en el universo Prince supuso un shock. Los protocolos de seguridad que dejaban en el aire la hora prevista para cualquier cita, las llamadas inesperadas desde un teléfono fijo, los juegos mentales que parecían buscar sus debilidades.

Al principio, todo eran dificultades: Prince detestaba que se usaran palabras como “alquimia” o “magia” para describir su proceso creativo. Cierto, se trata de metáforas muy sobadas, pero las objeciones de Prince obedecían a motivos religiosos: como testigo de Jehová, esos conceptos son diabólicos. Sin embargo, según iba tratando a Piepenbring, se fue animando. Su libro no sería una mera biografía de famoso: pretendía sorprender por su forma y su contenido. También aspiraba a acabar con el racismo y, ya puestos, modificar las relaciones entre los artistas y las discográficas. En un momento de entusiasmo, hasta decidió que publicaría varios libros.

Como sabemos, esos planes quedarían aplazados sine die. La muerte de Prince el 21 de abril de 2016 cambió su percepción pública: alguien que reprobaba las drogas recreativas, secretamente se había hecho adicto al fentanilo, un potente opioide que se comercializa como analgésico. Para compensar, sus herederos cambiaron su política digital: en vez de perseguir el uso de su música, sus vídeos e incluso las fotografías que subían sus fans, se permitió que todo el mundo manifestara su pesar poniendo en circulación todo tipo de material. Literalmente, de la noche a la mañana, la Red se llenó de grabaciones de Prince.

Por cuestiones de liquidez, el banco que gestionaba su legado insistió en monetizar su muy legendario archivo, que contiene centenares de horas de música inédita. Ya han salido Piano and a Microphone 1983, el recopilatorio Originals (sus interpretaciones de composiciones que cedió a otros artistas) y la versión ampliada de Purple Rain. De rebote, se reanimó el proyecto de la autobiografía.

El problema: Prince solo había redactado 28 páginas, con su particular ortografía, que llegaban hasta mediados de los años setenta. Se invitó entonces a Dan Piepenbring para que revisara los armarios y cajones, incluso la caja fuerte, de Paisley Park Studios, el cuartel general de Prince. Y el desolado biógrafo fue hallando tesoros: dibujos, borradores de letras, documentos, fotografías y hasta una sinopsis del guion para Baby I’m a Star, luego estrenada como Purple Rain.

Prince, hablando por teléfono en 1985.
Prince, hablando por teléfono en 1985. ALLEN BEAULIEU CORTESÍA PENGUIN RANDOM HOUSE

Así se ha logrado que el manuscrito de 28 hojas se convierta en un tomo de 280 páginas. No diremos que “mágicamente”: el proceso ha sido laborioso. Piepenbring complementa la narración con fragmentos de entrevistas (sí, hubo una época en que Prince se dejaba entrevistar y, es más, se mostraba franco en sus declaraciones). El libro se abre con una minuciosa crónica de la relación de Piepenbring con el artista. Todo muy tortuoso: el escribidor era invitado a viajar a Australia, donde languidecía en la habitación del hotel, sin la seguridad de ver a su patrón (finalmente, sí se encontraron).

En The Beautiful Ones encontramos dos retratos de Prince. Primero, tal como era en sus años finales. Belicoso con la industria del entretenimiento pero luego feliz de contratar un cine para poder ver —¡con palomitas!— la última entrega de una franquicia de Hollywood como Kung Fu Panda. Harto de artistas livianos como Katy Perry o Ed Sheeran y empeñado en reivindicar la negritud del funk. Obsesionado por guardarse las espaldas: negoció la posibilidad de retirar el libro del mercado si cambiaba de opinión sobre su oportunidad.

Sin conflictos raciales

Con todo, el principal atractivo de The Beautiful Ones reside en el perfil del joven Prince. En su recuerdo, la Minneapolis donde nació era una ciudad afable, sin demasiados conflictos raciales. Su principal afán consiste en corregir la imagen de sus padres, tal como quedó fijada en Purple Rain. La madre no es ahora una santa sufridora; cuenta que hasta le quitaba sus pequeños ahorros cuando quería irse de juerga. El padre era obrero en una fábrica de plásticos y, a la vez, dirigía un grupo de jazz ligero. Un hombre religioso pero tolerante: después del oficio dominical, llevó a su hijo a ver Woodstock, el documental sobre el festival.

La narración resulta incompleta. Cuando los padres se divorcian, vive con uno y otro antes de terminar alojado con la familia de un futuro colaborador, André Cymone. Si hubo traumas, los oculta. Igual con el descubrimiento del sexo, aunque sí lamenta que su padrastro, en vez de la tradicional charla de hombre a hombre, le llevara a ver una película porno. Claro que la alternativa de Prince para la educación sexual tampoco parece muy práctica: “Leer el Cantar de los cantares y comentarlo con alguien querido, a ser posible, alguien de mayor edad”.

“MI VOZ ES UNO MÁS DE LOS INSTRUMENTOS QUE TOCO”

Explica Prince que inicialmente quisieron lanzarle como mero cantante. Se negó: “Me veía como un instrumentista que empezó a cantar por necesidad. Mi voz es uno más de los instrumentos que toco”, se puede leer en The Beautiful Ones. Así, aguantó hasta que Warner accedió a lo que exigía: autoproducirse, grabando todos los instrumentos. Un inconveniente era que su música requería metales. Lo resolvió “creando una sección de viento con varias pistas de sintetizador y algunas frases de guitarra”.

Le guió una férrea confianza en sí mismo: no estaba intimidado por la formidable música que sonaba en los setenta (“Sentía más respeto que pasmo”) .

Y supo modificar sus planteamientos creativos: “Cuando empecé, me atraían las mismas cosas que a la mayoría de gente en este negocio. Quería impresionar a mis amigos, quería ganar dinero. Durante un tiempo, era un hobby. Luego se convirtió en un trabajo, una manera de ganarme el pan. Ahora lo veo como arte”.

Fuente: elpais.com por DIEGO A. MANRIQUE

Tito Ramírez, el fantasma del mambo

Los géneros de mitad del siglo pasado son la base de ‘The Kink of Mambo’, primer disco del músico español

Tito Ramírez aparece desde el sótano del local de ensayo donde ha pasado encerrado los últimos días preparando la presentación de su primer álbum, The Kink of Mambo, en la Sala Caracol de Madrid, el sábado 26 de octubre. “Ya vivo aquí prácticamente”, reconoce antes de comenzar la entrevista. Y empieza recordando sus orígenes, a finales de 2016, cuando lanzó el sencillo Lonely Man en vinilo, a través del sello Antifaz, sin anunciar más que se trataba de las grabaciones perdidas de un artista hasta entonces desconocido. El disco se agotó en pocos días y, en vista del éxito, decidió aparecer en público para dar un concierto, aunque escondido tras un antifaz, como una alegoría involuntaria del personaje de Gastón Leroux. Se trata, en toda regla, de un fantasma.

Precisamente, como si fuese un fantasma de las navidades pasadas, Tito Ramírez se ha encargado de traer de vuelta los ritmos de mediados del siglo XX, tanto los del mundo anglosajón como los de los países hispanohablantes. Tal como lo anuncia su nombre, el mambo es el género protagonista en su primera producción discográfica. Pero también rescata el chachachá, el soul, el R&B o el rock and roll de la época, con la intención de crear un boogaloo destinado a las pistas de baile. “Toda la música que hago es de baile, porque bailar es divertido”, afirma.

Esta amalgama de géneros, como él mismo lo aclara, no es algo nuevo. “Hay recopilatorios de la época que reflejan la mezcla del R&B con el mambo; los ritmos que empezaba a hacer Ray Charles se basan en patrones latinos e, incluso, le pedía al batería que tocara los ritmos que hacía un conguero”, repasa Tito. En sus palabras, “la música es un viaje de ida y vuelta que va de costa a costa”, y recuerda que, tradicionalmente, siempre ha habido un intercambio muy particular entre el Caribe y Estados Unidos.

La diferencia de su música con lo que se ha hecho antes es que se ha puesto como objetivo la renovación del género, más que la imitación. Ya que se habla de mambo, Tito Ramírez no esconde su admiración por Dámaso Pérez Prado, el músico cubano —posteriormente nacionalizado mexicano— que encumbró este género en los años 50 del siglo pasado. “Yo siempre he sido muy fan de Pérez Prado; lo ponía a altas horas de la madrugada cuando llegaba a casa con un amigo. Puede ser uno de los artistas que más haya escuchado en mi vida”, reconoce. Sin embargo, a pesar de su gusto por aquella época, aclara que su objetivo es “aportar algo y llevar el estilo a otro punto”.

Ya que se considera un músico prolífico que no deja de producir canciones, cuenta que para este primer disco tenía un repertorio de más de 20 piezas que había estado tocando en directo y que, por lo tanto, no es muy dado a hacer versiones de otros artistas. Al final, decidió quedarse con los 12 temas que le parecían “más personales”, entre los que se coló un cover de Amanecer sin ti, grabado en 1966 por el cantautor argentino Palito Ortega. “En este caso, sí que me parecía suficientemente personal la versión como para que fuera interesante incluirla en el disco”, comenta. Y es que mientras el tema original es una balada de rock and roll al uso de la época, en The Kink of Mambo suena sobre una base de chachachá con toques de soul.

Fiel a su personalidad fantasmal, Tito Ramírez admite que prefiere el trabajo de estudio y el momento de construir las canciones antes que los directos. De hecho, para la producción de este primer disco se tomó la molestia de grabarlo analógicamente, “con microfonía antigua, grabadora y cinta, utilizando reverbs naturales del estudio”, explica. Sin embargo, para los conciertos de presentación de The Kink of Mambo —que pasarán, además de Madrid, por ciudades como Valencia, Sevilla, Granada y Barcelona—, comenta que le ha dado mucha importancia al espectáculo, inspirado en sus ídolos Pérez Prado y James Brown: “Los dos tenían un concepto de show muy marcado, de manera que no sólo tocas canciones, sino que desarrollas una historia”. Así son las primeras páginas de la suya, el fantasma del mambo.

Fuente: elpais.com por ALEJANDRO MENDOZA ARRIAGA

La élite del jazz contemporáneo

El nuevo álbum de Enrico Rava y Joe Lovano recibe una calificación de 9 sobre 10

En una música como el jazz, con tantas ramificaciones, mestizajes y tópicos estéticos, resulta complicado definir la línea que separa la auténtica élite de la mera excelencia. Está claro que hoy en día no hay un John Coltrane, un Thelonious Monk o un Duke Ellington entre nosotros, para empezar porque, aunque muchas veces se hable del género como un todo que abarca más de un siglo de vida, el jazz en 1960, por ejemplo, poco tiene que ver con el jazz en 2019. Pero sí hay una élite artística en la escena actual, algunos nombres que ocupan las capas más altas de la comunidad jazzística, por encima de músicos excelentes y propuestas interesantes (que abundan, no hay duda).

La élite del jazz contemporáneo

Artista: Enrico Rava / Joe Lovano

Disco: Roma

Sello: ECM / Distrijazz

Calificación: 9 sobre 10

El italiano Enrico Rava y, al otro lado del atlántico, Joe Lovano, son parte de esa élite; no tanto por su impresionante carrera, sino por la vigencia y riqueza de su música hoy. Tanto uno como otro han llegado a ese punto en el que, escuchándolos, se siente uno ante un artista total, que ha convertido su discurso en una identidad propia y rotunda, imprescindible para comprender la música de innumerables instrumentistas que han sido influenciados por ella.

Diferentes generaciones y continentes los separan: a pesar de sus orígenes italianos, Lovano es uno de los más grandes nombres del jazz norteamericano en las últimas décadas y, posiblemente, el saxo tenor más influyente del jazz desde Michael Brecker. Rava, tal vez el jazzista europeo en activo más importante hoy, acaba de cumplir nada menos que 80 años y se mantiene en una forma creativa asombrosa, como demuestra en este disco grabado en directo el año pasado en el Parco della Musica de Roma.

¿Qué hace tan grande a esta grabación? Para empezar, el encuentro inédito entre dos músicos como Rava y Lovano, mucho más que el leitmotiv de la sesión: ambos son creadores afines, y juntos generan una energía muy especial. Además, el resto del grupo mantiene el pulso, conformando un quinteto intercontinental compuesto por músicos extraordinarios de edades y procedencias diferentes: Giovanni Guidi, sin duda uno de los pianistas más elocuentes del siglo XXI, que protagoniza algunos de los momentos estelares del disco; Dezron Douglas, sólido contrabajista, muy activo en la escena neoyorquina; y Gerald Cleaver, uno de los bateristas más intuitivos y dinámicos que uno puede escuchar en la actualidad.

El punto de encuentro en este Roma es una confluencia natural de acercamientos al lenguaje del jazz por parte de cada uno de ellos, y el resultado roza la perfección: es inteligente, inspirado, creativo y, al mismo tiempo, está envuelto en cierta ortodoxia, demostrando que en el jazz actual se puede tocar “lo de siempre”, tocando al mismo tiempo algo completamente nuevo.

Fuente: elpais.com por YAHVÉ M. DE LA CAVADA

Deadmau5 revela cómo codificó su propio show

En la víspera del primer espectáculo de su gira actual, que comenzó en septiembre. 12, Joel Zimmerman estaba encerrado en una habitación de un hotel de Dallas escribiendo código. Utilizando una versión personalizada de la plataforma de desarrollo visual Derivative TouchDesigner, el productor de música electrónica de gran éxito, deadmau5 está dando los últimos toques a un espectáculo audiovisual de ocho meses y miles de horas de preparación.

Llamado Cube v3, es la producción tecnológica más avanzada de Zimmerman hasta la fecha. Zimmerman habla en lenguaje codificador: herramientas IDE, sistemas de GPU, suites de digitalización de manejo de datos, mientras discute su show, para el cual él y su equipo usaron TouchDesigner (una compañía canadiense elegida parcialmente por su proximidad a la casa del artista a las afueras de Toronto) para escribir las miles de líneas que juntas forman el Cubo. Ahora completo, el Cubo, una enorme estructura giratoria desde la que actúa, muestra imágenes como “El jardín de las delicias terrenales” de Bosch y el logo insignia “mau5head” para los temas como “Raise your weapon” y “Ghosts N Stuff “.

La mayoría de los artistas electrónicos utilizan tecnología playback para sus visuales, mostrando imagenes hechas previamente adecuadas a un set bloqueado. Con el Cube v3, Zimmerman puede activar visuales en tiempo real, permitiendo espontaneidad durante sus sets y asegurando que ninguno de sus shows de febrero 2020 en Norte América, sean iguales.

“El show se ha desarrollado de una forma que literalmente encendemos el servidor con todas las aplicaciones de TouchDesigner, presionamos F1, lo minimizamos y después no lo volvemos a ver nunca,” dice Zimmerman, quien se asoció con Chirs Schroeder Productions y con el diseñador técnico Collins Stenzel (quien ha trabajado en festivales como Life in Color y Spring Awakening). Las aplicaciones leen información enviada a través de cues sónicos (como nombres de temas y notas) y responden proporcionalmente. “Yo no lo llamaría Inteligencia Artificial,” continúa, “pero definitivamente existe algo de inteligencia en el sistema que dice, ‘Joel está haciendo esto, entonces voy a hacer un fade a negros y procede a hacerlo.’ ”

Y mientras él está emocionado por compartir con sus fans el nuevo show, Zimmerman dice que la parte más gratificante del proceso hasta ahora ha sido volar las mentes de los desarrolladores cuya tecnología utilizó para hacer el programa. “Los tipos que inventaron muchas de las herramientas IDE que estoy usando aparecen y dicen:” Mierda, nunca he visto a nadie usar lo que hice para algo como esto”.

Fuente: Billboard. 9/20/2019 by Katie Bain

 Page 1 of 32  1  2  3  4  5 » ...  Last »